30.- El nombre de la traición.
17 de septiembre de 2006
Cuando ejecutaron a Eleanora Clumsy, su abogado, Charles Cheater, ocultó el rostro con las dos manos. Todos creyeron que el horror le impedía contemplar la terrible agonía de su mejor cliente y amiga.
Eleanora, por su parte, murió pensando que el abogado Cheater la adoraba, y que aquel último gesto era una prueba de su oculto amor.
En realidad, Cheater -su apellido lo dice todo- intentaba ocultar la vergüenza de su miserable traición. Gracias a la posición privilegiada en la que me encuentro, ahora sé que el abogado Cheater engañó a Eleanora. Sabía desde el primer momento que ella no había asesinado a su marido. Donnald Clumsy ya estaba muerto cuando Eleanora le clavó las tijeras. Charles Cheater lo sabe porque él estaba allí cuando Eleanora entró en el lujoso apartamento; contempló cómo la mujer tomaba las tijeras y se dirigió al dormitorio donde Donnald yacía boca abajo, sobre la cama; pudo ver cómo ella clavaba las tijeras en la espalda del ya difunto.
Cheater sintió que su cuerpo se estremecía de satisfacción al comprobar que el destino le proporcionaba la coartada perfecta: el asesino en bandeja, la propia mujer de la víctima, con el arma en la mano, convencida ella misma de ser la asesina.
No le resultaría nada complicado ocultar algunos datos y manipular informes forenses. Nada que una considerable cantidad de dinero no pueda hacer. Quien le protegía sabría manejar esos temas y ocultar los posibles hilos sueltos de la trama.
Cheater había cumplido lo pactado mucho mejor de lo previsto: no sólo había matado a Donnald Clumsy sino que, además, había proporcionado el nombre del culpable: Eleanora Clumsy.
Su defensa fue ardorosa, pero voluntariamente ineficaz. Eleanora fue condenada a muerte. Cheater ocultó su traición hasta el último momento, en el que tuvo que ocultar la vergüenza en su rostro. Lo que en este momento Cheater no sabe es que él mismo tiene las horas contadas.
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