28.- El rumbo de las cosas.
14 de septiembre de 2006
Me pregunta el peletero puntilloso si todas las mujeres que estamos en Locked Island hemos matado a nuestros maridos. La respuesta es No, aunque la mayoría de los maridos de las que están aquí recluidas tal vez lo merecieran.
Independientemente de que se les dé mayor relieve en los medios de comunicación serios o en los blogs de pasatiempo, los malos tratos han existido y existen en las historias personales de muchas mujeres.
Yo no maté a mi marido. Eleanora, aunque ella lo creyó, tampoco mató al suyo: Ya estaba muerto cuando le clavó las tijeras.
Probablemente la historia de Brigitta habría sido más ligera y divertida si, efectivamente, hubiera matado a su marido por padecer éste de halitosis o flatulencia; porque se hubiera enamorado de un joven quince años menor que ella y al que no le importara ni la obesidad ni el bigote rubio ni las carencias intelectuales de la infeliz. Habría sido mucho más original para Brigitta que se fugara de Locked Island en globo con el muchacho, y que el globo fuera a caer tras una tormenta en una isla paradisíaca en medio del océano. Y que tal vez los dos solos lograran vivir una apasionada historia de amor.
Habría sido más divertido para el lector que Brigitta acabara con su marido gracias a un sonoro do de pecho interpretando sus canciones populares, que habrían logrado reventar los tímpanos y el mismísimo cerebro seco de quien la convirtió en la más grande presidiaria viuda.
Pero las cosas no fueron así. El marido de Brigitta era un tipo vulgar; la halitosis provocada por el tabaco, el alcohol y la falta de higiene nunca levantaron instintos asesinos en Brigitta. Ni siquiera las vejaciones o las palizas.
Tal vez fue sólo el propio instinto de supervivencia lo que finalmente permitió que acabara con la vida de la bestia. Puede que la vida de las personas (reales o de ficción) no nos guste, no nos convenza, no nos motive; puede que nos parezcan historias vulgares, simples, manidas. Quizás preferiríamos que las cosas hubieran llevado otros rumbos.
Pero la vida de Brigitta fue así de previsible.
Cuando nos mande una postal desde su aldea, nos contará que ha estado comprando pescado, preparándolo para los suyos, planchando camisas y recordando Locked Island.
En su aldea tampoco habrá muchachos que, víctimas del enamoramiento, estén dispuestos a fugarse con ella en busca de paisajes exóticos y aventuras felices. Pero las que la hemos conocido personalmente, sí sabemos que Brigitta es una persona hermosa.
![]()

tomas Estrada Solano dijo
Es triste observar como los hombres que juramos amar,respetar y proteger a la mujer terminamos convirtiendonos en sus propios verdugos,la mayoria de las acciones de una mujer siempre son provocadas por la crueldad ,el desamor la falta de valores ,el abuso y la irresponsabilidad de algunos hombres,la mujer como todo ser humano reacciona de la misma manera como sea tratada, y debemos recordar que la violencia siempre genera mas violencia,siembra tormentas y cosecharas tempestades
21 Mayo 2009 | 04:05 AM