27.- Brigitta Torske.
11 de septiembre de 2006
La historia oficial dice que Brigitta Torske mató con saña a su marido, a sus dos hijos y a su madre impedida. Cuando la detuvieron le salía la cerveza por cada poro de su grasienta piel. Se libró de la pena de muerte por ser imbécil, estar borracha y no hablar nuestro idioma. La condenaron a cadena perpetua y desde el sábado está indultada.
La propia Brigitta llegó a creerse finalmente aquella versión. Pero yo recuerdo todavía cuando entró en Locked Island, cuando todavía no había transcurrido el tiempo necesario para asimilar la historia oficial y nos contaba, con su característica forma de hablar, lo que realmente había ocurrido.
Su marido era un hombre muy violento que trataba a golpes a toda la familia. Fue él quien, después de una paliza que dejó a la pobre Brigitta semiinconsciente, mató primero a la suegra que estaba postrada en un jergón desde hacía años. Y después, con el mismo cuchillo, supo degollar a sus propios hijos que, acurrucados en un rincón del diminuto cuartucho, miraban inmovilizados por el terror y el llanto cómo su padre había decidido acabar con sus vidas.
Brigitta no pudo evitarlo, pero sí logró en medio del aturdimiento arrebatarle el cuchillo antes de que el miserable se lo clavara a ella en el corazón. No lo dudó un instante.
Los vecinos alertaron a la policía de que alguien había arrojado la cabeza de un hombre por una de las ventanas que dan al callejón. Cuando llegaron los agentes, Brigitta había tenido tiempo de beberse toda la cerveza que quedaba en la nevera. Y era mucha.
No dijo nada porque ya no tenía nada. Y pensaba que la celda de un presidio no podía ser peor que aquella casa condenada para siempre al olor de la sangre.
Una vez, cuando paseábamos por el patio, me dijo con su acento vikingo: "Hoy el mayor cumpliría dieciséis".
Y se apartaba a la sombra del muro porque su blanquísima piel no soportaba los rayos del sol de Locked Island.
Y porque siempre se llora mejor sentada en el suelo, protegida por la sombra de un muro.
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