26.- Juego de venganza.
10 de septiembre de 2006
Al llegar a mi aldea, he sido recibida como una reina. Mi gente tiene buen corazón. Saben lo que pasó realmente, y me acogen como la hija que se marchó para no volver jamás y, sin embargo, por fin ha vuelto.
Saben que la desgraciada Brigitta ha sido indultada y que, además, le han dado una altísima compensación económica que le va a permitir comenzar, ahora sí, una nueva vida...
Es Brigitta Torske, a la que Eleanora llamaba bigotuda foca nórdica, la que todo el mundo despreciaba por su aspecto y la que, sin ser consciente de ello, ha puesto en jaque a las más enrevesadas redes de poder y corrupción de todo el país. Muy bien, Brigitta.
Y ahora me imagino a Brigitta en Oslo, llamando con dificultad para decir a los suyos que ha vuelto. Me parece verla subiéndose al tren que le conduce hasta el lugar donde tomará el transbordador, y apearse de éste, respirando con fuerza, mirando las caras de los que esperan; reconociendo, tal vez, alguna.
La veo sólo con una pequeña y vieja maleta, la misma con la que hace ocho años ingresó en el penal de Locked Island. Quizás la misma maleta con la que hace una eternidad arribó a este país cargada de esperanzas finalmente frustradas. Brigitta Torske ahora está en su casa, a miles de kilómetros de Locked Island. Mandará una postal a sus compañeras de presidio. Tal vez, como muestra de sincero afecto, la alcaidesa reciba otra. Lo que por ahora nadie va a recibir es la clave del diario de Eleanora Clumsy. Brigitta Torske la ignora. En realidad, la pobre infeliz lo ignora casi todo.
Brigitta Torske ha sido un peón muy eficaz en este juego de venganza. He podido descubrir, ocultándome tras ella, cómo se las gastan estos tipos. Y he comprobado que son muy peligrosos, que son capaces de todo, pero que también tienen mucho miedo.
Sí. Brigitta Torske ha sido una pantalla. Una inmensa pantalla, es cierto. Ella ahora estará feliz paseando por su aldea, contando las pocas cosas de las que sea capaz y cantando sus viejas canciones de infancia. De esa infancia que, realmente, nunca abandonó. Todas recordamos la cancioncilla.
Ro, ro, ro til Relteland,
kjope barnet belteband,
nye sokkar, nye sko.
Sa skal barnet til kyrkja ro
nar blomane kjeme i dalane.
Y yo continúo sobre el teclado, sin necesidad de seguir haciéndome pasar por Brigitta, escribiendo el blog que heredé de Eleanora. Y sintiéndome muy feliz porque la gorda, sebosa e ignorante Brigitta está en libertad, recuperando su vida, la que le fue arrebatada siendo demasiado joven, la que jamás pudo disfrutar a pesar de la inocencia de su mente. Y en Locked Island ya empezamos a echarla de menos.