8 de septiembre de 2006
El país entero está conmocionado por la trágica muerte del gobernador en accidente aéreo. Todos los periódicos sin excepción glosan la personalidad del fallecido, alabanzas, panegíricos, la gran promesa política del país...
Para mí no era más que el infame que fue incapaz de descolgar un teléfono la noche del 9 de junio. Aquella llamada habría salvado a Eleanora.
No pensé que el primero en caer fuera el gobernador, pero no ha estado mal.
La primera dama llora la muerte del gran colaborador y amigo de su marido... Quienes hemos leído el diario de Eleanora sabemos algo más a este respecto. El presidente, sin saberlo, se ha quitado una molestia en más de un frente. Incluida su propia frente.
Alguien con mucho poder ha decidido que ahora lo primordial es conseguir el password del diario de Eleanora Clumsy para destruirlo o para modificarlo.
Para él, quien haya leído ese diario es un enemigo peligroso, porque sabe mucho más de lo que debería saber. Ahora ha caído el gobernador, el que parecía estar en la cima del poder, según pensaban muchos. En el punto de mira continúan la alcaidesa, el abogado Cheater y muchos más.
Pero para mí lo más importante es que el gobernador ya había firmado la conmutación de mi pena y mi expulsión inmediata del país.
Esto quiere decir que mañana mismo me llevan al aeropuerto y me colocan en un avión con una maletita de vuelta a mi país.
El domingo estaré otra vez con mi gente y comenzará la nueva vida que necesito. Allí sabrán protegerme.
Cuando llegue a Oslo comprobaré que han ingresado en mi cuenta el dinero pactado y después tomaré el tren que, con calma, me llevará a casa.
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