26 de agosto de 2006

Cheater, el abogado de Eleanora, ha debido salir desesperado de la entrevista que ha pretendido tener conmigo esta tarde de sábado.

Era la hora de visitas y en la sala había bastante gente. Mis compañeras y sus familiares no dejaban de mirarnos, preguntándose con toda seguridad qué hacía el prestigioso letrado de los Clumsy sentado frente a la foca nórdica.

Yo le he dejado hablar, y de vez en cuando le decía algo en noruego, idioma que desconoce. Él sudaba y me repetía todo mucho más despacio, pero no más alto por miedo a que alguna de las otras presas le oyeran.

Aún así creo que ha sido inevitable. Conviene tener testigos de mis conversaciones con este tipo de personas.

De vez en cuando dejaba de bizquear y miraba las gotas de sudor que resbalaban por su frente, o le decía "Ja" afirmando con la cabeza, viniera o no a cuento. O le ponía más nervioso todavía diciéndole "Jeg ikke forstår" a la vez que hacía el gesto: "Yo no entiendo".

Y él me repetía las cosas vocalizando muy bien, casi silabeando, elevando el volumen, desesperándose, evidenciando sus inmensas ganas de estrangularme.

Mi fingida incapacidad para entenderle obligó al estúpido abogado a decir alto y claro entre aparatosas gesticulaciones:

- Tú darme a mí dirección web Eleanora. Tú libertad, calle, ¿entiendes?, tú calle quince días. Quince días, a la calle. Libertad. ¿Entiendes, gorda imbécil?

Libertad para siempre. Creo que todas mis compañeras lo entendieron perfectamente: si yo le proporciono la dirección de la página web personal donde Eleanora escribió su diario, me ponen en libertad dentro de quince días.

Ha prometido volver la próxima semana. Y quiere una respuesta. No pensaba yo que el negocio me iba a resultar tan rentable y a tan corto plazo.