20 de agosto de 2006

Nadie elige ser fea, gorda e idiota. Yo tuve esas tres circunstancias que me dio la vida. Pero una de ellas pude evitarla. Con mucho esfuerzo y tesón, es verdad, pero creo que llegué a evitarla. Aunque sigo siendo gorda y fea.

Por esas mismas circunstancias de la vida, procuré que no se me notara que había aprendido a leer y a escribir. Y, sobre todo, a entender lo que leía. Incluso a pensar por mí misma.

En mis círculos de amistades y de relaciones sociales, no estaba muy bien visto que una supiera, entendiera o decidiera más de la cuenta. Y mucho menos por su cuenta. Todo eso me ha llevado, simplemente, a sobrevivir. Y esa estupidez me permite vivir de forma acomodada en Locked Island. Me he convertido en esa presa que no molesta aun estando en medio de todos los asuntos privados, de todas las conversaciones secretas.

Sé que he estado presente en la gestación de tramas conspiratorias a altísimo nivel. A pesar de mi volumen físico, yo era invisible. (Los que hayan leído el blog de Eleanora Clumsy "Yo también quiero a mi marido"  ya saben quién soy.) Y esa invisibilidad me daba unos poderes inmensos que yo iba guardando pacientemente en la plena convicción de que algún día podría hacer uso de ellos.

Nada en la vida deja de estar relacionado. Cuando heredé el blog de Eleanora Clumsy comprendí que todo lo que había estado anotando en mi memoria, empezaba a encajar como si de un dramático puzzle se tratara. Desgraciadamente no tengo hoy nada más que contar. La vida en Locked Island transcurre con una lentitud casi insoportable.

Llevo sólo nueve días escribiendo en este blog y ya parece que son años. Quizás alguien piense que en esta historia no pasa nada, pero es que en el penal de Locked Island casi nunca pasa nada. Me he propuesto mantener vivo el blog de Eleanora Clumsy, y espero escribir cada día unas líneas, aunque no tenga nada que contar en ellas. Pero cuando las vea publicadas sabré que, al menos, sigo viva.