23 de agosto de 2006
Soy consciente del valor de la belleza. Sé que no es lo mismo colocar en el "Sobre mí" de este blog la imagen atractiva de Eleanora o la mía, la bigotuda foca nórdica. Eleanora: dulce, serena, hermosa, triste, desconsolada... Su imagen sola ya atraía simpatías, solidaridad y comprensión. Nada de eso evitó que la frieran en la silla eléctrica.

Mi imagen provoca rechazo. La misma Eleanora me despreciaba, me insultaba, me vejaba, me humillaba ante las demás presas de Locked Island; se burlaba de mis kilos, de mi cutis, de mi forma de vestir, de mi manera de hablar... De mi incultura.
Yo me defendía con mis armas: el insulto, la provocación, la caricatura de la niña malcriada que, teniéndolo todo en la vida, estaba compartiendo letrinas conmigo, la puta grasienta, gorda e ignorante.
Al final, la vida nos había unido en unos pocos metros cuadrados llenos de nauseabundos olores que yo pude soportar mejor que ella.
Creo que Eleanora siempre supo que yo la apreciaba. No era envidia, de verdad, sino sincero aprecio. Porque en aquella altivez yo no veía orgullo, sino debilidad. Sencilla debilidad.
Eleanora debió saber que yo la apreciaba y por eso me dejó a mí este blog y esta misión. No a Winona ni a Candelaria, sino a mí. A su bigotuda foca nórdica.
Nota del transcriptor: Por aquellas fechas, la imagen que figuraba en el "Sobre mí" de este blog era la de Eleanora Clumsy. Cuando se publicó este artículo fue cambiada por la de Brigitta, lo que motivó la repulsa de algunos lectores, que consideraron a esta última una impostora que no estaba a la altura de su predecesora.
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