11.- Llora, mi niña, llora.
22 de agosto de 2006
Es verdad que yo pensaba que no le caía bien a Eleanora. Ella se llevaba mucho mejor con Winona o con Candelaria.
Siempre hablaba de mí con absoluto desprecio y, de hecho, elaboró un plan para aplazar su ejecución en el que yo era la actriz invitada. Quería rebanarme el cuello con un cuchillo y, de esta manera, tener que ser juzgada por el nuevo crimen, lo que aplazaría unos cuantos años su ejecución.
Pero a última hora le falló no el valor, sino el arma. Y la pobre desesperada pretendió estrangularme con sus delicadas manos de señorita de la alta sociedad.
Lo que ella ignoraba es que yo estaba al tanto del plan.
Ya he dicho anteriormente que la idiotez y la invisibilidad están muy unidas, y Fiorella muchas veces hablaba sola pensando que yo, extranjera e imbécil, no me enteraba.
Sin embargo, no me pareció mal el plan. Yo no tengo nada que hacer ya aquí y la muerte no me importa. Mejor dicho: no tenía entonces nada que hacer en la vida. Ahora sí. Ahora tengo que vengar a Eleanora.
Impotente al ver que sus manos no abarcaban mi gordo cuello, rendida por el esfuerzo de pretender asfixiarme, reposó su rostro sobre el mío y lloró, lloró, lloró.
Yo pude besarle la frente y decirle "Llora, mi niña, llora. Ya que no has podido liberarme, lloraré yo también por ti y por mí."
Y cuando ella se durmió sobre mi cuerpo, la acuné susurrándole al oído: "De gråter, min pike, De gråter".
Ahora la vida vuelve a importarme. Gjør ikke De gråter mere, min liten pike. No llores más, pequeña.