17 de agosto de 2006
Antes de descubrir mi identidad debo atar todos los cabos para protegerme. Eleanora dejó mucha información bien guardada. Sabían que llevaba un minucioso diario. Sé que registraron cada milímetro de su casa, levantaron suelos, derribaron paredes, destrozaron el jardín... No encontraron nada. Llegaron a violentar su caja de seguridad en el banco para hacerse con sus documentos, pero entre ellos no hallaron lo que buscaban.
Eleanora lo había dejado escrito aquí mismo:
"He intentado con este blog permutar mi silencio por mi libertad. Pero no va a ser posible. Cuando yo muera y se haga público mi diario, la crisis de gobierno y de las estructuras económicas, políticas y religiosas de este país lo van a llevar a la mierda. Será tal la basura que saldrá a la luz, que se tardará varios lustros en que todo vuelva a la normalidad. A la corrupta normalidad."
Todas sus anotaciones están bien guardadas en el ciberespacio, entre millones y millones de documentos, de sitios web, de correos electrónicos, de archivos a los que imagino flotando en la nada a la espera de concretarse tras un monitor.
Y ahí está el diario de Eleanora, en una página personal de Yahoo-Geocities cuya dirección sólo la sabría una persona de su confianza. Nunca habría podido suponer que yo era esa persona.
Escribe un comentario