Como queda dicho en el artículo anterior, el blog de Eleanora Clumsy permaneció inactivo durante dos meses. En ese período de tiempo, a alguien le llegó un mensaje muy similar al que yo recibí a principios de este mismo año. Esa persona decidió continuar escribiendo en el blog, y yo reproduzco, tal cual, todos y cada uno de aquellos artículos.
12 de agosto de 2006. 64 días después de le ejecución de Eleanora Clumsy.
Eleanora Clumsy tuvo una sentencia injusta, llena de prejuicios, de envidias y rencores.
Fue ejecutada, sí, el 10 de junio. Mató a su marido y, por eso, todos la matamos a ella.
En estos dos meses he podido comprobar hasta dónde llegaron sus amigos: hasta la nada. Se desentendieron al minuto siguiente, cuando la radio comunicó que Eleanora Clumnsy había muerto sin sufrimiento en la silla eléctrica.
Sus amigos, en el mejor de los casos, se olvidaron. Sí, sus mejores amigos llegaron a negar su amistad.
Algunos supieron vender a las televisiones los trapos sucios, reales o inventados, de Eleanora. Qué más da si pagan tan bien y Eleanora está muerta. Probablemente sería lo que más dolor hubiera causado a Eleanora, de haberlo vivido: el olvido y la traición.
Sus amigos: Si pudieran llegarían a negar la propia ejecución como las autoridades niegan el sufrimiento.
Yo estaba allí y, por ahora, no voy a contar lo que vi.
Pero yo no tenía amistad con Eleanora. Me encontré, quince días después, una nota con los datos de este blog, su nombre de usuario e incluso su contraseña. Es como si Eleanora me dejara el testigo de esto que apenas sé cómo funciona. No sé subir imágenes, no sé en qué consite eso del sobre mí, o de los amigos... y de los tags ni te cuento.
No tengo, ni muchísimo menos, el nivel cultural de Eleanora. Sólo sé que me dejó como única herencia este blog. Ignoro el uso que voy a hacer de él. Y, por ahora, creo que sería peligroso que se supiera quién soy.
Peligroso para mí, claro.
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