8 de junio de 2006. A menos de 48 horas de la ejecución.

La alcaidesa me ha traído la ropa que tendré que ponerme mañana para mi ejecución. Es horrible: blusa blanca, falda gris, zapatos planos. Deberé recoger mi pelo en un moño bajo y mi cara no podrá llevar ningún tipo de maquillaje. Lavadita con agua y jabón y lista.

No me importaría ponerme algo más vistoso, pintarme ligeramente los labios, usar un maquillaje suave que diera luminosidad a mi rostro.

Supongo que quieren dejar en los archivos históricos una imagen patética de Eleanora Clumsy, ajusticiada en 2006.

Se me pide en el blog que muera matando. En ello estoy. Los primeros años prisionera en Locked Island tuve la idea de llevar un diario en el que plasmaba asuntos que podían implicar a muchas personas de la alta sociedad, de las que se codean con el poder: jueces, periodistas, empresarios, políticos... Pretendía utilizarlo como chantaje para que movieran hilos y lograran sacarme de aquí.

Recibí la visita del mismísimo gobernador. El que mañana no tomará el teléfono para conmutar la pena o aplazar la ejecución. Ha sido la única vez que me visitó, y sólo me dijo: "Me han dicho que en Locked Island se suicida mucha gente. ¿Qué opinas, Eleanora?".

No esperó la respuesta. Se dio media vuelta y se marchó. Sí, mi gobernador. Al que di mi voto para su primer mandato. El que se bebió en mi salón él solito una botella entera de Delamain; al que descubrí en la biblioteca de mi casa en una pose improcedente con Lucca Ronnero, y prometí no decírselo jamás a nadie (y lo cumplí hasta hoy). Este gobernador, esposo y padre ejemplar, hombre de sólida fe, caritativo y justo, me amenazó si una sola palabra salía de mi boca o de mi puño y letra.

Le di el diario a la alcaidesa, que lo quemó en mi presencia. Pero precisamente nada más quemarlo, la alcaidesa me proporcionó un portátil con conexión a internet. Capté la idea.

Curiosamente, no hay lugar más seguro para guardar secretos que la red de redes. Y ahí están todas esas anotaciones en una página personal de Yahoo-Geocities. Su dirección sólo la sabe una persona de confianza, que la hará pública si finalmente me ejecutan.

He intentado con este blog permutar mi silencio por mi libertad. Pero no va a ser posible. Cuando yo muera y se haga público mi diario, la crisis de gobierno y de las estructuras económicas, políticas y religiosas de este país lo van a llevar a la mierda. Será tal la basura que saldrá a la luz, que se tardará varios lustros en que todo vuelva a la normalidad. A la corrupta normalidad.

Sí. Voy a morir matando. Y me he encargado de hacer llegar el mensaje a quien tiene que escucharlo.