7 de junio de 2006. A sólo 3 días de la ejecución.
Hoy me he dado cuenta de que las bajadas de tensión en la luz, o los apagones que hemos sufrido estos días atrás y hoy mismo, se deben a que están probando la silla eléctrica que me ejecutará el viernes por la noche. 0:01 del sábado 10 de junio, para todo el país seguirá siendo viernes por la noche.
El gobernador no quiere el más mínimo fallo, y eso que no es año electoral. Quiere que todo funcione a la perfección, con rapidez, sin sufrimiento para la rea, con higiene. Sé que me orinaré encima, o algo peor. Espero que los testigos no hagan burla de ello.
El gobernador ha accedido a mi petición en un gesto de inmensa misericordia, según publica hoy la prensa. No habrá ninguna cámara en el momento de mi ejecución. A todos y a cada uno de los testigos se les retirarán los teléfonos y serán cacheados minuciosamente.
La única imagen que tendrán de Eleanora Clumsy en la silla eléctrica la guardarán en su memoria. Bendita democracia.
Sin embargo, el gobernador le ha dicho en privado a la alcaidesa que tendrá que haber un fotógrafo oficial. "Para los archivos", me ha dicho la alcaidesa que le ha contestado el gobernador. Archivos penitenciarios, archivos judiciales, archivos históricos.
El gobernador le ha asegurado que sólo habrá una foto, que permanecerá perfectamente custodiada. La persona que la filtre a la prensa será condenada por revelación de documento secreto, pues tal es su consideración oficial.
Me he sentado en el camastro de mi celda, completamente desolada. Dentro de pocos días, una copia de esa foto caerá sin duda en manos de Lucca Ronnero. Es experto en conseguir documentos top secret, absolutamente confidenciales. Le basta con bajarse los pantalones y dejar que se la mamen, o mamársela a la persona adecuada. En este caso, al mismísimo gobernador.
Se acogerá al secreto profesional y se forrará vendiendo la imagen de Eleanora Clumsy en la silla eléctrica a todos los periódicos, revistas y televisiones del país.
Los medios más serios debatirán sobre la moralidad o inmoralidad de publicar tal fotografía. Pero lo harán después de haberla publicado. O al mismo tiempo.
Bien pensado, ¿qué me importa? De mí dirán lo que quieran. Yo sólo espero que no me humillen demasiado.
Ronnero se vengará, no tengo la menor duda. Sabrá sacar provecho de mi rostro desencajado, de mi cuerpo trémulo, de mis bragas manchadas de miedo... de la imagen del terror.
Sabrá vengarse.
Me consuela saber que alguien, algún día, clavará en su cuerpo algo distinto a un cipote erecto.
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