30 de mayo de 2006. A 11 días de la ejecución.

La última mujer ajusticiada en Locked Island fue Anita Minnesota, una sádica atracadora de bancos que disfrutaba infligiendo dolor a los rehenes, torturándolos de manera innecesaria y a los que finalmente mataba antes de emprender la huída.

Fue capturada, juzgada y condenada a muerte cuando tenía treinta y dos años y dieciséis asesinatos a sus espaldas. Permaneció en el corredor de la muerte de Locked Island (ignoro si en mi misma celda) hasta la noche de su ejecución, en abril de 1958.

Cuando la silla eléctrica acabó con su vida la desgraciada Anita contaba sesenta y tres años, y había visto durante todo ese tiempo cómo la sentencia era aplazada una y otra vez.

Dicen que finalmente el gobernador de entonces no quiso retrasar más la ejecución, pues su popularidad estaba cayendo en picado debido a un lío de faldas, como no podía ser de otra manera. Se le acusaba de debilidad por parte de la opinión pública, y vio en la envejecida Anita el recurso ideal para ocultar su pusilanimidad y, de paso, desviar la atención acerca del adulterio.

La ejecución de Anita, sin embargo, no le sirvió para ser reelegido, y cayó en el más absoluto olvido por parte de todo el mundo, incluidos familiares y amigos, por no hablar de la propia esposa, que escribió una ligerita novela, se forró a costa del ex-marido ex-gobernador, y se marchó con su editor a vivir un apasionado romance en la Costa Azul.

Como ven, nada nuevo bajo el sol. Una historia demasiado vulgar que, sin embargo, le costó la vida a Anita Minnesota treinta y un años después de ser condenada a muerte. En realidad es una historia tan corriente como la mía.