19 de mayo de 2006

Cuando Winona se enteró de que me ejecutan el día 10 de junio, a las cero horas y un minuto, me tomó de la mano en el paseo vespertino por el patio junto al acantilado y me dijo algo que hoy, en mi agobiante soledad, he recordado:

- ¿Te imaginas, mi niña, que nos ejecutaran a las tres a la vez; a Candelaria a ti y a mí?.

Recuerdo que me detuve para que ella pudiera seguir mirando al horizonte quebrado por un muro de hormigón.

- Seríamos como el Cristo flanqueado por los dos ladrones -prosiguió sin mirarme siquiera.

Cuando Winona camina tiene que agarrarse al brazo de alguien, porque en Locked Island no admiten bastones. Y cuando camina y habla, es tan lenta que parece que no avanzamos. Y eso me gusta, porque es como si detuviéramos el tiempo. Y para mí, en mis circunstancias, el tiempo detenido es solamente vida.

Recuerdo que miré con ternura a la vieja prematura y le pregunté con todo el cariño que todavía conservo:

- ¿Y quién de nosotras debería estar en el centro, Winona?

Hubo un largo silencio. Cuando Winona camina, habla y piensa, es demasiado lenta. Pero una sabe que, finalmente, encontrará la respuesta:

- Candelaria no, que fue muy puta.

Y su risa se deja oír en el patio de las reclusas, que la miran como si estuviera loca.