15 de mayo de 2006
La alcaidesa de Locked Island me ha quitado el portátil durante todo el fin de semana. Dice que internet puede crear adicción. No le he dicho nada, pero he pensado que es imbécil, porque todas mis adicciones se superarán el día diez de junio, a las cero horas y un minuto, momento en el que un verdugo enchufará la silla eléctrica que pondrá fin a mis días y a mis noches.
Fiorella, la guardiana del turno de noche de hoy domingo me ha confesado que ha descubierto este blog, que le está gustando y que no está dispuesta a que yo deje de contar mis cosas por esas manías de la gente que tiene mando sobre los demás.
Así que me he conectado y he descubierto que alguien ha montado otra bitácora con un nombre parecido y que ha titulado (inocentemente) "Yo también creo a Eleanora".
Me ha dejado muy desconcertada, pues si en su primer post parece transmitir algo de afecto hacia mi persona...
Siempre me llamó la atención Eleanora, ojala la hubiese conocido mejor. Ahora la recuerdo aquel día de lluvia, recuerdo como me miraba, con su cara triste enfundada en sus cómodos tejanos y con su chaqueta preferida.
...en los post siguientes se limita a publicar unas fotografías, sin duda robadas, de cuando yo estaba en libertad. Quizás mi anónimo crédulo sea el atractivo tipo de la camisa azul, el chaleco negro y las gafas de sol que estaba en la mesa de al lado y que yo supuse en su día un admirador.
Hoy pienso que es algo más que eso. Y me ha estremecido pensar que tal vez esté relacionado con el asesinato de mi marido, Donnald Clumsy.
¿Y si el verdadero asesino, en un afán de protagonismo, o tal vez en un irrefrenable acto de admiración, se estuviera descubriendo?
Nota del transcriptor: El blog Yo también creo a Eleanora dejó de acatualizarse en agosto de 2006.
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