2 de mayo de 2006

Hoy me ha llegado la notificación del Máximo Tribunal de Apelación rechazando mi último recurso. Mi abogado lo había presentado en mi nombre contra la sentencia a la que fui condenada hace ya cinco años por el asesinato de Donnald Clumsy, el periodista número uno de la televisión, el de mayor audiencia, el de mayor facturación en publicidad, el ídolo de jovencitas y mayores. Mi marido.

El M.T.A. insta a que se cumpla la sentencia el próximo 10 de junio, sábado. Ese día, a las cero horas y un minuto, la silla eléctrica acabará con la vida de la que fue una de las principales y más respetadas periodistas de la prensa escrita: Eleanora Clumsy.

La justicia no sólo tiene que ser ciega e imparcial. También debe ser ejemplarizadora. La pena de muerte no se ha ejecutado en este país desde hace más de veinte años. Incluso hay gente que creía que había sido abolida. Pero las características del crimen y las identidades de la víctima y de la asesina, han obligado a las autoridades a rescatar la pena capital. Todo ello con abundante circo mediático.

Supongo que de nada servirá ya que diga a quien esto esté leyendo que yo no asesiné a Donnald Clumsy.