3.- La entrevista más leída del año.
18 de abril de 2006
El director de mi periódico, Leo Barely, es el desencadenante de la situación actual. Sin ser esa su intención, lo cierto es que por su culpa yo estoy en Locked Island.
Una mañana, demasiado temprano para la digestión complicada que se me venía encima, me llamó a su despacho y, sin levantar la vista de sus papeles, me dijo:
- Vas a hacer una entrevista en profundidad para el suplemento dominical de la segunda semana de mayo.
Cada vez que me propone un trabajo de este tipo, al margen de mi columna diaria y de mis reportajes periódicos, me entra un doble sentimiento: de gozo, porque me gusta, me apasiona ir descubriendo aspectos ocultos de un personaje; y de temor, porque me da miedo, pavor, no estar a la altura del personaje.
Nunca me ha ocurrido esto último.
Leo levantó por fin su permanente mirada enigmática y añadió:
- Va a ser la entrevista más leída del año. Con toda seguridad, doblaremos la tirada.
El corazón me dio un vuelco: ¿el Papa? ¿Fidel? ¿Isabel II? El sentimiento de temor iba alimentando, curiosamente, el de gozo.
Leo, que jamás sonríe, se puso en pie apoyando las manos sobre la mesa en un gesto que suele hacer cuando va a decir algo de lo que se siente muy orgulloso. Es decir, lo hace constantemente. Pero también suele hacerlo cuando sus ideas son órdenes.
- ¡Es una idea espléndida! Vas a entrevistar a... -el corazón se me paró-... ¡Donnald Clumsy!
No sé cuanto tiempo permanecí muda y sin pestañear. De entre todos los personajes que hay en el mundo susceptibles de ser entrevistados por mí, aquél era el último que habría puesto en una lista. Y no porque mi marido no mereciera una entrevista en profundidad, sino porque era mi marido.
Hacía años, muchos años, que no tenía una sola duda. Ni una. Por eso, en aquel instante, mis pensamientos se reproducían con profusión a gran velocidad impidiendo la salida de las razones.